Bastidores, tensión del tejido y puntadas: cómo se organiza el trabajo en un taller de bordado a mano
Un tambor de madera con la tela montada: el punto de partida de casi cualquier labor bordada a mano.
Taller de bordado · notas de trabajo
Prakelu reúne explicaciones sobre los gestos que sostienen el bordado a mano: cómo se monta la tela, qué tensión conviene a cada técnica, cómo se comportan los hilos y de qué manera se cuida una pieza cuando ya está terminada.
Bastidores, tambores y telares: qué sostiene la tela
El soporte no es un accesorio secundario. Determina cuánta superficie de tela queda accesible, cómo se reparte la tensión y cuántas veces habrá que desmontar la labor antes de terminarla. En la práctica conviven tres familias de soportes y cada una responde a un tipo de trabajo distinto.
El tambor redondo de dos aros —el más habitual— funciona bien en piezas pequeñas y medianas, especialmente en bordado libre, porque permite girar la labor con facilidad. Su límite aparece cuando el motivo supera el diámetro del aro: entonces hay que mover el tambor y apoyarlo sobre puntadas ya hechas, algo que aplasta el relieve y marca el tejido.
El bastidor de rodillos, con dos listones giratorios y dos laterales, se usa cuando la pieza es alargada o cuando se prefiere que la tela no se pliegue nunca. La labor avanza enrollándose y siempre queda a la vista una franja en tensión. El bastidor de listones fijos, montado con hilván en los cuatro lados, es el soporte tradicional del bordado en oro y de las labores que no admiten ninguna deformación.
Para trabajar con las dos manos libres conviene sujetar el soporte: un pie de suelo, una pinza de mesa o, en piezas pequeñas, un soporte de sobremesa. Una mano queda por encima de la tela y la otra por debajo, lo que cambia por completo el ritmo y la regularidad de la puntada.
Cómo elegir soporte
- Motivo pequeño y bordado libre: tambor redondo de madera o de plástico con junta.
- Motivo que no cabe en el aro: bastidor de rodillos o de listones.
- Bordado en oro, relieves y almohadillados: bastidor fijo, nunca tambor.
- Terciopelo, seda y tejidos que marcan: bastidor fijo con hilván perimetral.
- Sesiones largas: soporte de pie o de mesa para liberar las dos manos.
El aro interior y la cinta
Forrar el aro interior con una cinta de algodón fina, enrollada en espiral y cosida al final, mejora el agarre y evita que la tela resbale durante horas de trabajo. También reduce la marca del aro sobre tejidos delicados. Es una preparación que se hace una vez y dura años.
La tensión: el punto exacto entre flojo y forzado
Una tela demasiado floja devuelve puntadas irregulares: el hilo tira del tejido y el dibujo se desplaza. Una tela forzada hasta el extremo deforma la trama, deja los agujeros abiertos y, al soltar el bastidor, encoge sobre las puntadas hasta arrugarlas. El punto útil está en medio y se reconoce al tacto: la superficie responde como un pequeño tambor, pero el hilo de la tela sigue recto.
Al montar conviene comprobar que la trama y la urdimbre quedan paralelas a los bordes del bastidor. Si la cuadrícula del tejido se ve torcida, el motivo se bordará torcido, por muy bien trazado que esté el dibujo.
Comprobaciones al montar
- Hilos de la tela rectos respecto a los lados del bastidor.
- Tensión igual en los cuatro sentidos, sin arrugas en diagonal.
- Tornillo apretado en pasos pequeños, alternando con tirones suaves del tejido.
- Margen suficiente alrededor del motivo para montar y para el acabado.
- Tela limpia y planchada antes de montarla, nunca después.
Al terminar la sesión, aflojar el tambor evita que la marca del aro se fije en el tejido. En bastidores de listones no hace falta: la tensión es estable y no concentra presión en una línea.
Tensión y técnica
El punto plano y el bordado en oro piden tensión alta y constante. Los nudos y los puntos texturados admiten algo menos, porque necesitan que el hilo pueda asentarse. En el bordado contado sobre tejidos de trama regular, la tensión moderada facilita ver los agujeros sin abrirlos en exceso.
Telas de base
El lino y el algodón de tejido cerrado aceptan bien casi cualquier puntada. Las telas de trama regular y la tela de cuadrícula tipo aida están pensadas para contar hilos. Los tejidos elásticos o muy abiertos necesitan una entretela o un refuerzo de algodón por el revés para que la puntada no se hunda ni se desplace.
Bordado contado y bordado libre: dos maneras de leer la tela
En el bordado contado, el tejido manda. La aguja entra y sale por los agujeros de la trama, y el motivo se construye contando hilos: punto de cruz, punto Holbein, deshilados, puntos rellenos sobre cuadrícula. No hace falta dibujar nada sobre la tela; el patrón se lee en una rejilla y se traslada contando. La regularidad depende del tejido, no del pulso.
En el bordado libre, el dibujo manda. La puntada se coloca donde hace falta, con la longitud y la dirección que pide la forma. Aquí el tejido solo tiene que ser lo bastante estable para sostener el hilo. Es el terreno del punto plano, el sombreado con puntadas largas y cortas, el punto de tallo y los rellenos con relieve.
Las dos formas conviven sin problema en una misma pieza: un fondo contado con una figura bordada libremente, o un monograma en punto plano rodeado de una cenefa contada. Lo que cambia es la preparación: el bordado contado empieza localizando el centro del tejido; el bordado libre empieza transfiriendo el dibujo.
Antes de la primera puntada
- En contado: marcar el centro con un hilván y contar desde ahí.
- En libre: transferir el dibujo con la tela ya planchada y aún sin montar.
- Probar el hilo y el número de hebras en un retal de la misma tela.
- Decidir el sentido de las puntadas antes de rellenar una forma grande.
Puntadas de base: plano, tallo, nudos y almohadillado
Con cuatro recursos bien entendidos se cubre buena parte del repertorio del bordado libre. No son puntadas difíciles; lo difícil es mantenerlas iguales a lo largo de una superficie.
Punto plano
Puntadas paralelas, muy juntas, que cubren una forma de lado a lado. Funciona bien en formas estrechas —pétalos, hojas, letras— y pierde definición cuando la puntada se alarga demasiado: por encima de un centímetro y medio el hilo queda flojo y se engancha. Para superficies mayores se recurre al sombreado con puntadas largas y cortas, que cubre por franjas y permite mezclar tonos.
El borde es lo que se mira. Un contorno previo en pespunte o en punto de cadeneta marca el límite y sostiene la puntada, que pasa justo por fuera de él y deja un canto limpio.
Punto de tallo
Línea continua formada por puntadas que se solapan hacia atrás mientras el hilo se mantiene siempre al mismo lado de la aguja. Si el hilo cambia de lado, la línea se rompe visualmente. Puntadas cortas para curvas cerradas, algo más largas en rectas.
Es la puntada de tallos, contornos y escritura. Dos líneas paralelas de punto de tallo, muy juntas, dan un trazo más grueso sin perder la flexibilidad de la curva.
Nudos
El nudo francés se forma enrollando el hilo una o dos vueltas alrededor de la aguja y volviendo a entrar muy cerca del punto de salida, sujetando la tensión con la mano libre. El tamaño se controla con el grosor del hilo y el número de hebras, no con más vueltas. El nudo de tallo largo, con la aguja desplazada antes de entrar, sirve para centros de flores y texturas densas.
Almohadillado o relleno previo
Antes de cubrir una forma con punto plano se puede levantar el volumen con un relleno interior: puntadas largas en sentido contrario al del acabado, varias capas cruzadas o una pieza de fieltro recortada y cosida por el contorno. El almohadillado hace que la luz recorra la superficie y que el borde quede firme.
La regla práctica es sencilla: cada capa se orienta de forma distinta a la siguiente, y la última capa va siempre en la dirección que se quiere ver. En el bordado en oro este relleno es casi obligatorio, porque los hilos metálicos necesitan una base que los eleve.
Hilos: mulinés, lana e hilo metalizado
El mulinés de algodón es el hilo más versátil: seis hebras que se separan y se recomponen según el grosor que pida el trabajo. Separar las hebras una a una y volver a juntarlas —aunque sean las mismas— alinea las fibras y hace que el hilo cubra mejor y se enrede menos. Una hebra para detalles finos, dos o tres para la mayoría de las labores, seis para texturas gruesas.
La lana de bordar tiene otro comportamiento: rellena rápido, es mate y perdona menos las puntadas muy apretadas, porque el hilo se aplasta. Pide agujas de ojo grande y punta adecuada al tejido, y tolera mal pasar muchas veces por el mismo agujero.
El hilo metalizado se comporta como un material propio. Se enreda y se deshilacha con el roce, así que se trabaja en hebras cortas, con aguja de ojo amplio y, en muchos casos, sin pasarlo repetidamente por la tela: se coloca sobre la superficie y se sujeta con un hilo fino del color adecuado.
Trabajar con los hilos sin pelearse
- Hebras de unos 45 cm: más largo se desgasta al pasar por la tela.
- Dejar colgar la aguja de vez en cuando para que el hilo se destuerza solo.
- Anotar el número de cada color antes de deshacer la madeja.
- Empezar y acabar con puntadas pequeñas bajo la zona bordada, sin nudos gruesos.
- Probar el color con luz natural: los tonos próximos se confunden con luz cálida.
Del dibujo a la tela: métodos de transferencia
Transferir un dibujo parece un trámite y, sin embargo, condiciona el resultado: una línea demasiado gruesa asoma entre las puntadas, y una línea que no se borra puede estropear una pieza terminada. La elección del método depende del color y del grosor de la tela, y también de si la línea quedará cubierta o no.
En telas claras y finas suele bastar con calcar a trasluz, apoyando el dibujo contra una ventana o una superficie iluminada y siguiendo el trazo con un lápiz de mina dura o un rotulador soluble. En telas oscuras o tupidas, la luz no atraviesa y hay que recurrir a papel de calco de sastre, a un papel soluble sobre el que se dibuja y se borda encima, o al método tradicional de picar el dibujo y pasar polvo por los agujeros.
El hilván de contorno sigue siendo el método más seguro para tejidos delicados: se hilvana el dibujo sobre un papel fino colocado encima de la tela, se rompe el papel y quedan solo las puntadas marcando la forma, que se retiran al final.
Antes de transferir
- Probar el marcador en un retal de la misma tela y comprobar que desaparece.
- Evitar el calor sobre una línea soluble: el planchado puede fijarla.
- Trazar más fino que el ancho de la puntada que lo cubrirá.
- Marcar también los ejes del motivo para centrarlo al montar.
- Transferir con la tela plana y planchada, antes de tensarla.
Dónde falla la transferencia
Los problemas habituales no vienen del método sino del orden: dibujar sobre tela ya montada y deformada, usar un trazo grueso para una puntada fina, o planchar una pieza con líneas solubles todavía visibles. Si la línea queda fuera del contorno bordado, conviene eliminarla con agua fría antes de cualquier acabado en caliente.
Bordado en oro y trabajo con canutillo
El bordado en oro no consiste en bordar con hilo metálico como si fuera algodón. La mayoría de estos materiales no pasan por la tela: se apoyan sobre la superficie y se sujetan con un hilo fino —de seda o de algodón— que los cruza a intervalos regulares. Esa sujeción es la técnica: la distancia entre puntadas, su inclinación y el color del hilo que las da determinan el brillo final.
El canutillo es un hilo metálico enrollado en muelle hueco. Se corta en fragmentos con unas tijeras reservadas solo para eso y se ensarta como si fuera una cuenta alargada, colocándolo sobre el relleno. Cada corte debe medirse sobre la propia pieza, porque un fragmento demasiado largo se arquea y uno corto deja ver la base.
El trabajo se hace siempre sobre bastidor fijo y con tensión alta. El relieve se prepara antes con fieltro, cartón fino o capas de puntadas, porque el metal necesita una base que lo levante y lo mantenga en su sitio. Conviene cortar sobre una bandeja o un paño de fieltro que retenga los fragmentos y evite que rueden.
Preparación del trabajo metálico
- Bastidor fijo, tela montada con hilván en los cuatro lados.
- Tijeras dedicadas exclusivamente al corte del canutillo.
- Hilo de sujeción fino y encerado para que no se deshilache.
- Relleno de fieltro o cartón recortado al tamaño exacto de la forma.
- Manos limpias y secas: el metal recoge grasa con facilidad.
Lavado, estirado y montaje de la pieza terminada
Una labor recién desmontada casi nunca está lista: conserva marcas del aro, restos de línea de dibujo y una ligera deformación del tejido. El orden habitual es lavar, estirar en plano y solo después montar.
El lavado se hace en agua templada con un jabón neutro, sumergiendo y presionando suavemente, sin frotar ni retorcer. El aclarado debe ser abundante y frío. Después se retira el exceso de agua entre dos toallas, sin escurrir.
El estirado consiste en fijar la pieza húmeda sobre una tabla forrada, cuadrando los hilos del tejido y sujetando con alfileres inoxidables fuera de la zona bordada, hasta que seque por completo. Es lo que devuelve el ángulo recto a la tela y aplana las arrugas sin tocar el relieve con la plancha.
Cuidados que evitan sorpresas
- Comprobar la solidez del color en un retal antes de mojar la pieza.
- No lavar bordados metálicos ni piezas con canutillo.
- Planchar siempre por el revés, sobre una toalla, para no aplastar la puntada.
- Alfileres inoxidables: los comunes dejan óxido en la tela húmeda.
- Secar en plano y lejos de fuentes directas de calor o de sol.
Montaje
Para enmarcar, la pieza se tensa sobre un soporte rígido y se sujeta por el revés con hilo cruzado de lado a lado, ajustando poco a poco. Si se deja dentro de un tambor como acabado, conviene rematar el revés con un círculo de fieltro cosido al borde.
Guardar hilos, telas y herramientas
Los materiales de bordado se estropean despacio y casi siempre por lo mismo: luz, humedad y roce. Un armario cerrado, seco y alejado de la ventana resuelve la mayor parte del problema.
- Mulinés enrollados en bobinas o en tarjetas con el número anotado; sin él, un color agotado es difícil de reponer.
- Lana en caja cerrada y revisada de vez en cuando: es el material más expuesto a las polillas.
- Hilo metalizado en su envoltorio original, en plano y sin dobleces marcados.
- Telas enrolladas sobre un tubo, no dobladas: el pliegue deja una línea que cuesta eliminar.
- Agujas en un alfiletero o en su estuche, secas, separadas por tipo y tamaño.
- Labores en curso cubiertas con una tela limpia y con el bastidor aflojado.
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- Apuntes sobre lavado, montaje y conservación.
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